domingo, 26 de enero de 2014

Anoche recibí un mensaje



Sonó mensaje. Estas eran las líneas:
“Estamos bien  
te veré, te extraño”
Curiosa por el “estamos bien”, recurrí a las opciones.
Número desconocido, prefijo buenos aires.
Inmediatamente caí en la cuenta de que alguien se había equivocado.
Elegí la opción responder y escribí:
“Quién sos ¿Error? ”
Y el “error” fue con signo de interrogación para dejar abierto el diálogo.
Eran las once cuarenta de la noche, no respondió.
Para enredarme un poco, por despuntar la vieja costumbre, supuse que sería una mujer con su hija que le escribía un mensaje a un hombre, tal vez el padre de la niña, pero no, no era el padre, no fue el padre de entrada, esto lo digo ahora.
Un mensaje con característica de Bs.As. a un teléfono con dígitos de Misiones
¿Una pareja? Podía ser.
 Internet,  viaje ocasional, teléfono afanado.
Pues la pareja estaba en el “te veré” “ te extraño”, eran una mujer y un hombre,pero vuelvo a aclarar, si algo no tuvieron en común en mi divague, ahora que lo cuento, lo digo con certeza, era un hijo/a.
Los hijos no entran en estos giros, dónde el único rol que se pone en juego es el de la condición de género. Permisos de irse a vivir una vida que no tiene que ver con los hijos.
¿No son los padres -genérico-, después de todo, los que se van a vivir otra vida distinta de la de los hijos ?
 Un hombre y una mujer estaban en el “ te veré” “te extraño”, estuve convencida de entrada en este punto, la forma de expresarse, como si viniese de una larga meditación, resolver verla o no verlo, entonces por qué “estamos bien”, me pregunté.
Debiese haber sido: “estaremos bien”.
Revisé el mensaje otra vez, lo había leído correctamente: “ estamos ...”
y pensé en por qué no? la posibilidad de que ese “estamos” sean ellos dos y no incluido un tercero en el viaje.
Según la historia de los quince segundos anteriores en mi cabeza, que ya pedía almohada, y volviendo a la teoría de que alguno de ambos debía optar un camino,  que había entre ellos una decisión a tomar, si era “estamos”, significando o afirmando que el camino era el que los acercaba o alejaba después de tomar la decisión y el “estaremos” ya era un “estamos”, la aplicación sería la correcta. Siempre con el último objetivo de estar bien los dos.
Revisé una vez más el número, desconocido en mi haber.
Prendí otro cigarrillo, tomé el segundo vaso de agua y me detuve en el libro de Galeano de estridentes tapas azules,
no me decidía, imposible seguir leyendo como si tal cosa, pese a Galeano, a que encontraría con seguridad un verso que se acomode a mis pensamientos, no podía salir del mensaje,
y me plantee una vez más esto de leer tantas veces como si tal cosa,
aún cuando el mundo se desarma, aunque la vecina  muera,  seguir  leyendo como si tal cosa.
Deduzco que tengo que parar, las personas paran, lloran, se lamentan y otros siguen leyendo, camino de eso que solemos nombrar como destino leía el  mensaje transformándolo en otra lectura y por eso no volvía al libro de tapas azules.
Me dejé llevar por los perros aullando, el ventilador que arrastraba al aire y un  golpeteo del reloj que seguía en su hora y la noche.
Me levanté para acostarme, bajando la cortina al ejercicio, hora de dormir con el mensaje erróneo y la disculpa olvidada.
A la una de la mañana sonó mensaje: “te veré, 
                                               te extraño”.

Avanti

Síguenos en Twitter Siguenos en Facebook
Se ha producido un error en este gadget.